miércoles, 27 de enero de 2016

Oso grizzli mexicano, 1964:
El oso Mexicano era una subespecie del oso pardo (Ursus arctos) de la que no se conocía mucho antes de que se llevara a la extinción, en 1964. 
CARACTERÍSTICAS:
Era uno de los más pesados y grandes mamíferos en México.

Este oso, subespecie del oso pardo junto a diez más, tenía un pelaje de color marrón rojizo y con el color plata en bandas destacando sobre su cara, parte de su cuerpo y patas. Este color característico fue la causa de que los nativos le llamaran ´el oso plateado´. Las orejas eran negras junto a parte de sus patas.

Podía medir hasta 1,83 m. y su peso rondaba los 318 kg.

Tenía una camada de uno a tres cachorros cada tres años.

COMIDA:
Plantas, frutas e insectos, aunque ocasionalmente también se alimentaba de pequeños mamíferos y carroña. 

HISTORIA 

Los primeros europeos que entraron en contacto con el oso plateado mexicano fueron los conquistadores en el siglo XVI .Se causó por que los mexicanos llegaron de E.U y se trajeron a estos osos .En 1960 quedaban solo 30 en México, ya que a pesar de su condición de protegido frente a la caza esta continuó. En aquel entonces los ganaderos decidieron acabar de exterminar a los que quedaban, y los osos plateados se consideraron extinguidos en 1964. Por otro lado, en Febrero de 1986 un escritor del National Geographic contaba como un joven Mexicano había visto un oso argénteo en 1983, aunque no se tienen más datos. Por el bien del oso plateado, solo nos queda esperar que esta historia sea cierta.
 





Tigre de Java, 1994:
El tigre de Java llegó a la isla hasta el final del Pleistoceno, después de la glaciación. Hasta el siglo XIX abundaba en la isla. En los años 50 no quedaban más de 20 o 25 ejemplares en toda la isla. En los años 60, cuando no quedaba ningún tigre en la reserva de Ujung Kulon, los ecologistas denunciaron su extinción inminente. Los grupos armados que se escondían en los bosques en esos años mataron a muchos. En 1976 se descubrió a los tres últimos tigres de la isla en el Parque Nacional Meru Betiri y no se los ha vuelto a ver desde entonces.








QUAGGA 1883:
El quagga (Equus quagga quagga) es una subespecie de cebra que está extinta desde finales del siglo XIX, cuando el último individuo murió en el Zoo de Ámsterdam en 1883.
A diferencia de otras cebras tenía el pelaje pardo rojizo, con las rayas únicamente en la cara, cuello, costados y crines. Carecía completamente de ellas en el lomo y en los cuartos traseros. Tenía las patas y el vientre blanco, y la crin típica de las cebras. El pelaje blanco y negro de la cabeza se iba difuminando conforme se acercaba a los costados. Los quaggas fueron cazados desde la llegada de los primeros colonos holandeses por su carne y su piel. Sin embargo, no fue hasta el siglo XIX cuando se produjo el verdadero desastre. A mediados del siglo XIX, la colonización del interior ocasionada por el éxodo de los bóers descontentos con la soberanía inglesa sobre la colonia condujo a la matanza de miles de quaggas dentro de un plan general de exterminio de animales salvajes en la zona.






Tortuga Gigante de la Isla Pinta o Solitario Jorge:
Esta subespecie de tortuga gigante de las Galápagos, llamada Solitario Jorge o Solitario George (Geochelone nigra abingdoni) es el único ejemplar que queda de su subespecie de la isla Pinta de las Galápagos. Por lo tanto a esta tortuga hay que cuidarla muy bien, e intentar que críe, ya que actualmente lo más seguro es que si muere, se lleve toda la historia de su subespecie con él, uniéndose a la lista de tortugas gigantes que nunca más volverán a pisar la tierra. Esta tortuga la encontró un biólogo que estaba cazando cabras para ver cómo afectan a la flora autóctona en 1971, y la llamaron George por el actor humorístico estadounidense George Gobel. Esta es la primera tortuga vista en la isla desde 1906. Esta tortuga está en el libro Guinness de los Records en la edición de 2006 como la más rara criatura viviente, indicándose que es el único de su subespecie. Aunque tiene unos 80 años aún le queda mucho por delante ya que las tortugas gigantes pueden vivir hasta entre 120 y 200 años, por lo que aún podremos verla entre nosotros mucho tiempo. Además goza de buena salud.